María Magdalena

Uno de los problemas más arduos de la hagiografía es la identificación de María Magdalena. Porque si la liturgia romana venera y exalta el 22 de julio un sólo personaje, el evangelio nos presenta tres Marías que la liturgia oriental distingue cuidadosamente, si bien algunos autores están convencidos de que las tres son una misma:

* La primera María es una pecadora anónima, de la cual escribe San Lucas: "cuando Jesús comía en casa de Simón el fariseo, ella vino a situarse a los pies del Maestro, regándoselos con sus lágrimas y con perfume que ella había traído en una vasija". El evangelista no da su nombre, y la describe como mujer pecadora.

* Otra María apellidada Magdalena (de Magdala sobre la orilla oeste del lago de Tiberiades), le acompañaba en sus viajes (Lc VIII 1-3) y está presente en el calvario (Jn XIX, 25) (Mc XV, 40). Ella fue una de las que llevaba aromas y ungüentos para preparar el divino cadáver según la costumbre judía (Mc XVI, l). Ella fue la primera en advertir que la tumba estaba vacía, ella reconoce a Cristo Resucitado al que había tomado por eMaría Magdalenal hortelano (Jn XX, 1-18).

* Y la tercera María es la de Betania, la hermana de Marta y de Lázaro, la que también derrama sobre la cabeza y los pies de Cristo perfumes en casa de Simón (Mt XXVI, 6-13), la que está atenta a sus enseñanzas, la que lleva el leproso junto a Marta y presencia la Resurrección de Lázaro (Jn XI, 1-46). Ella siempre "elige la mejor parte" (Jn XII, 1-8).

En nuestras procesiones encontramos estos tres modelos de la misma. Puede aparecer con trajes vistosos de la época, con colores vivos y por atributo un vaso de cerámica o copa indicando que allí lleva los perfumes, bien los que derramó cuando Cristo estaba vivo o también para preparar el sagrado cadáver. Esta misma persona, el Viernes Santo por la tarde cambiará sus galas por un oscuro hábito negro o marrón, con una cuerda por cíngulo y descalza o con sandalias, el pelo suelto y una corona de espinas ceñida a las sienes y entre sus manos un crucifijo al que mira de hito en hito para arrepentirse de su mala vida.